domingo, 24 de mayo de 2009

Viaje al final de la noche

Aquella era la primera vez en la vida que dormía bajo un platillo volante. La situación de nervios, curiosidad y excitación, no era muy propicia para el sueño pero, considerando que la noche anterior no había dormido, era meramente necesario.
Como tenía la cara quemada y me picaba, tuve que dormir boca arriba (panxa enlaire!).
Acostarme mirando el techo me recordaba a mi temporada en el hospital. Hacía dos años, había pillado una papa increíble que había terminado en coma etílico. A raíz de aquello, había empezado a tener ataques de amnesia, a olvidar a las personas… Cuando desperté del coma, pregunté por Néstor, pero nadie sabía a ciencia cierta quien era.
Lo primero que vi fue a mis padres y a Ras, cogiéndome una mano al lado de la camilla llorando de ilusión. Después de todo aquello, me había quedado un vacío interior que llenaba con culturilla, amigos y, mucha y diversa, droga.
Desde que visitaba de vez en cuando Casa Aurelio, había empezado a tener recuerdos extraños sobre efectos de mi vida anterior al coma.
Aquella noche, fueron sueños lo que tuve…

Como si de un audio-libro se tratara, empecé a oír en mi cabeza el famoso poema de Quevedo de Amor constante más allá de la muerte. Empezaba mi propia voz: Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día…
Y seguía otra voz, esta masculina, que me era familiar, pero que no conseguí asociar a ninguno de mis allegados: Y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera…
Y seguía recitando sobre una pantalla nocturna con un cielo copado de estrellas, muy a lo Star Wars.
Concluía: Polvo serán, más polvo enamorado…
Tras una vorágine de colores, se dibujó en mi mente la imagen de Trafalgar Square. Me encontraba al pie del monumento al General Nelson rodeada de gente de todos los tipos que vestían ropas coloridas y se mostraban alegres…
Entonces un traje gris con camisa blanca se me acercaba. Era una figura sin rostro. Me tendía la mano…
Yo se la cogía y le decía: Encantada…
Juntos recorríamos todos y cada uno de los rincones de la ciudad de Londres. Terminamos sentados frente al Támesis compartiendo una tableta de chocolate. De aquel sueño emergió un olor a flores que era casi palpable: olía a verano. A verano, a orillas del río más contaminado del mundo (junto con el Llobregat).
-¿Sabes una cosa? Hace algunos años, cuando condenaban a muerte a los londinenses, los ataban en picas en el río cuando llevaba un cauce pequeño. Cuando el cauce crecía, los condenados morían ahogados- explicaba sin tener boca.
-¡Vaya tortura!
-Bueno pues, en la teoría era así, pero dicen que, aquellas pobres almas morían antes de ahogarse, del hedor y la basura que llevaba el Támesis…- aquella era la voz masculina del poema.
-Cuéntame más…
Y de repente nos hallábamos en una playa virgen, la cala baña bañada por el sol de aquel atardecer que nos contemplaba en Londres.
El chico sin rostro (al que llamaremos por el momento Nowhere Man) sostenía una guitarra en las manos y según se acercaba hacía mí, cantando y destrozando canciones de todo tipo, las horas pasaban a una velocidad frenética y, la puesta del astro rey dio paso a una noche limpia de verano.
Cayó la oscuridad cuando llegué a abrazar a Nowhere Man. Cerré los ojos con fuerza para hacer que ese sueño no terminara nunca. Aquel delicioso olor, aquel tacto tan suave, aquel pelito tan sedoso cortado al rollo Príncipe de Becquelar… Empezaba a dibujarse la figura que se escondía tras el anonimato…
Cuando abrí los ojos (dentro del sueño, se entiende)…

-Foxy, no se puede abrir los ojos en un sueño- apunte de Ras.
A mi amiga le gusta analizar sueños y, tiene varios libros que hablan de cosas así. Siempre he creído que tiene un pequeño Freud en la cabeza.
Siguiendo con mi explicación del sueño…

Cuando abrí los ojos, Nowhere Man y yo, rodábamos abrazados por una verde pradera… Aquella imagen fue breve.
Deseé que el final de todo aquello fuera algo así como el final del cutre videoclip de It is raining again de Supertramp. Pero no fue así…
La atmosfera de tornó negra y gris y (sí, en esto si se parecía al videoclip), empezó a llover.
Como si tiraran de mí con fuerza, el chico y yo, nos despegamos del abrazo en el que estábamos sumidos y, le perdía en la lejanía para adentrarme en otro sueño.
Esta vez, estaba subida en un tren. Era una estación que no conocía o que, tal vez, había olvidado. Buscaba a alguien conocido entre la gente cuando el tren emprendió la marcha. Corrí hacia la cola del tren, pasando de vagón a toda prisa, hasta que llegué a la última ventanilla del ferrocarril y saqué la mano.
Alguien la tomó al otro lado: alguien que corría tras del tren, alguien que gritaba mi nombre. Aquella voz, otra vez. Fui el último momento en que pude captar ese olor que poco a poco, se desvanecía.
Estallaba la guerra en los reinos de Morfeo.
Cuerpos mutilados, trincheras, alambradas, cadáveres aquí y allí. No podía parar de correr. Oía caer los misiles y las bombas a mí alrededor. Gritos de desesperación, llantos de mujeres y, también de hombres… Todo aquel ruido de sirenas, megáfonos y disparos me ensordecía. Yo empuñaba una bayoneta y parecía saber a dónde iba. Me metí en una tienda de campaña militar en la que ponía Compañía C.

-Foxy, en los sueños no se puede leer.
-Ya Ras, pero eso es lo que está en mi mente… yo que sé, es lo que recuerdo de los sueños.

Cuando entré en la tienda, vi lo que todos esperáis: el símbolo recurrente de todos los sueños anteriores…
El chico sin rostro ya tenía cara, pero la tenía tan magullada y ensangrentada que ni siquiera podía adivinar donde estaban sus ojos. Lo extraño del caso es que Nowhere Man, se hallaba solo en el interior del lugar.
Asustada, retrocedí sobre mis pasos pero, cuando salí de la tienda, el paisaje había cambiado totalmente.
Tíos cachas vestidos de romanos (muy bajitos, por cierto), corrían de un lado a otro portando arcos, espadas, escudos y demás artillería. Mi bayoneta se había convertido en un mandoble y la tiré al suelo.
El misterioso chico de la cara ensangrentada (porque ahora sí tenía un rostro) gritaba tras de mi dentro de una tienda en la que, a la entrada se veía un estandarte imperial en que se leía “XIII”. Décimo-tercera…
Los gritos de dolor eran desgarradores y a cada paso que daba para alejarme de ellos, me parecía como si me quitaran la piel a tiras. “Aahh, aahhh…” gritaba “¿porqué me haces esto? Quédate conmigo, pequeña”.
Estaba asustada y empecé a correr. Y corrí y corrí durante siglos estelares y edades ciegas, hasta encontrarme con un bar de carretera en medio de la nada.
Era un prostíbulo. Las mujeres destetadas iban de aquí para allí en busca de una copa y algún cliente al que satisfacer por un, no sé si tan módico, precio.
Al fondo del local había una máquina de tabaco. Miré en mis bolsillos y encontré las monedas justas para un paquete…
-Su tabaco, gracias- dije para hacerme la graciosa.
-¿Me dejaste atrás de verdad?- contestó la máquina con aquella voz que llevaba persiguiéndome toda la etapa onírica.
-No… nunca te dejaría atrás- el portero del garito me miraba con cara de pocos amigos al verme hablando con la máquina de tabaco, así que decidí alejarme.
Encendí el cigarrillo y empecé a fumar. El efecto era como el de un ácido alucinógeno muy potente… Empecé a marearme, a sentirme mal… Todo empezó a derretirse y la materia metafísica de mi mente, se convirtió en un charco granate/rojo de sangre. Me empapaba, me hundía, me ahogaba. Sentía el pulso en mi cabeza: toc-toc, toc-toc, toc-toc…


-Néstor, Néstor… - grité cuando me desperté.
Los latidos del corazón no habían cesado. ¿Habría una parte de mi aún dormida? ¿No habría despertado? No, estaba en mi habitación y, la ventana, seguía tapiada con tierra y piedras. Entonces… ¿era mi corazón realmente el que hacía aquel ruido?
Escuché en silencio… Estaban llamando a la puerta.
Cómo estaba medio aturdida, me dirigí a abrir, pero Ras me tomó del brazo y me escondió tras el sofá, que estaba colocado a modo de escondite des del que se podía ver la puerta.
-¿Quién será?- dijo Fray.
-Podría ser algún vecino apurado…- contestó Peter que enfocaba con una linterna hacía la puerta.
-Que no. Que son los extra-terrestres, seguro- concluyó Ras ocultándome con ellos.
Estábamos ridículos de aquella manera. Tenía mal cuerpo debido a los sueños que había tenido. Para una vez que conseguía dormir y mi mente se dedicaba a seguir atormentándome. Decidí salir de dudas:
-Ras, me gustaría saber algo antes de que ese hombre del espacio pronuncie el Klaatu Barada Nikto…
-No vamos a morir ¿me oyes?- estaba tan dramática como las protagonistas que luchan por sobrevivir en las pelis gore.
Tenía el miedo en el cuerpo aunque intentaba mantener la calma.
“Toc-toc, toc-toc…” volvieron a llamar.
-Da igual, he de saberlo: ¿quién coño es/era Néstor? ¿Y porque digo su nombre de vez en cuando?
-Querida: Néstor es el que quedó atrás.

(Con un título como ese, en referencia a Céline; el capítulo no podía ser corto. Siento haberos hecho sangrar los ojos una vez más).

3 comentarios:

  1. Yo creo que cuando abran habrá oscuridad y nada más.

    ResponderEliminar
  2. La misma basura de siempre, los mismos recuerdos de mierda, este blog apesta, pero no lo suficiente para que vomite, aunque de vez en cuando leo los comentarios de Kalitro y me dan arcadas, no tienes nada que hacer si ya no hay mas capitulos de Lost o que?
    LAS OPINIONES SON COMO LOS CULOS, TODO EL MUNDO TIENE UNA Y TODAS APESTAN.

    ResponderEliminar
  3. Tienes un anónimo sin pelos en la lengua eh....?

    A mi me mola!

    ResponderEliminar

Escupe tu veneno aquí: