lunes, 11 de mayo de 2009

El origen de Aqualung

Aquel día llegué a casa al mediodía. Me quemaban los ojos y me dolían los oídos. No por nada especial pero, como todo gilipollas, yo también creo tener superpoderes.
Los míos tienen que ver con los elementos: si canto, llueve; si salgo sin gafas de sol, fijo que pega un Lorenzo cancerígeno; si decido ir a la peluquería (cosa que no decido muy a menudo), seguro que sopla un viento capaz de levantar las piedras.
Ese día me quemaban los ojos y me dolían los oídos.
Recuerdo que se lo comenté a Peter, uno de mis compañeros de piso.
-Oye Peter, ¿te he dicho ya que me queman los ojos?
-Sí- se resignó – cómo 50 veces y eso que me acabo de levantar de la siesta.
Peter hace siesta porque trabaja con su ordenador por las noches. No sé muy bien a que se dedica, pero creo que es programador. Es más blanco que Andrés Iniesta ya que duerme durante el día.
A lo mejor por eso le conocemos tan poquito.
Aproveché que Rasputón se levantaba a coger un vaso de leche para contarle también mis sensaciones.
-Ras… va a pasar algo chungo.
-¿Por qué? ¿Qué crimen has cometido ya?
-¿Yo? Un carro de ellos, pero no son muy confesables…
Me quedé en silencio pensando en mis crímenes y olvidando a que cojones había venido la conversación
-Oye neni, si no quieres nada más, me vuelvo a dormitar…
-Sí, ya recuerdo…- y sin improvisar, recordé – Compra papel de Wc!
-Repítemelo mañana para que me pase por el Caprabo…
Ras tenía un miedo terrible a ir al Caprabo. Yo le tengo pelusa a las bolsas esas de plástico de mierda que te cortan la circulación.
A ella sin embargo, lo que le aterraba era un pequeño acosador del barrio que estaba loco por ella.
Ras siempre intentaba ser amable con el individuo, pero ese personaje al que llamaremos… Brian (por ejemplo), se convertía en un maldito pulpo verbal tras estacionarse una horita tras la estantería de licores y alcoholes variados.
“Ras, puedes quedarte a dormir en mi cama”, “Ras, quien te pillara…”, “Ras, ven a mi casa” eran algunas de las muchas tontunas que le daban a Brian que, en el fondo y muy en el fondo, era un gran galán.
Volvamos al día en que empezó todo:
Cuando Rasputón volvía hacía su habitación con el vaso de leche en una mano y las galletas en otro, le grité:
-¿Te he dicho ya que me duelen los oídos?
-¿Y es por eso que gritas?
-No, es para que me oigas, mi amor. Eso significa que algo extraño va a pasarnos.
Otra puerta de la casa se abrió.
-Pues lo extraño te pasará a ti, carapene. Por lo que a mi concierne, he quedado esta noche con una princesa que abandonará su reino por unos momentos para fugarse conmigo.
-No te flipes, Fray… la última no sólo tuvo que volver a su castillo, sino que la encerraron en el torreón.
Fray era el cuarto habitante del pequeño piso. Le llamamos Fray por Fray Langstrum, el padre pirata de Pipi Langstrum.
No se parece un carajo al señor en cuestión, pero buscábamos un nombre poco ostentoso de pirata con el que llamarle.
En realidad, Fray no había tenido un nombre definido hasta que nosotras (Ras y yo), se lo pusimos.
La gente solía gritarle groserías por la calle y las mujeres se sonrojaban al paso de sus ojos golosos.
-Si me lo permiten la señora y el pirata, me voy a dormir- aclaró la del vaso de leche.
Tras decir eso, se oyó un estruendo y nos colocamos los tres bajo el marco de la puerta de la habitación de Ras.
Peter siguió devorando su bol de cereales sin inmutarse.
Sí se movió con la segunda sacudida, que hizo vibrar los fundamentos de la edificación. Se colocó bajo la mesa y siguió comiendo.
Le miramos atónitos porque no nos atrevíamos a mirar nada más.
Estábamos acojonados…
-¿Qué os había dicho?
Y respondieron todos al unísono:
-¡Qué te queman los ojos y te duelen los oídos!
Lo primero que pensé cuando les oí decir aquella chorrada a viva voz fue “por Dios, que chorrada”. Una obviedad descomunal.
El segundo pensamiento fue algo más elaborado: posiblemente tenía aquellos síntomas, debido al cansancio, al consumo de estupefacientes y blablabla.
El tercero de dichos argumentos para explicar mis duales malestares, dirigió mis pasos hasta la ventana más cercana decretando que estaba equivocada.
No había luz y no conseguía ver la calle. Un humillo polvoriento cubría el paisaje que normalmente veíamos al levantar las persianas (es que no tenemos cortinas).
Cuando por fin Fray se decidió a abrir la ventana, un puñado de arena entró hacía nuestro humilde hogar.
Ras fue a abrir la puerta.
-Cuidado Ras- grité al percatarme del peligro- El mundo se ha vuelto del revés y estamos sepultados bajo tierra.
Cuando mi compañera abrió, lo hizo despacito porque, pese a no creerse mi advertencia, tampoco confiaba mucho en su seguridad. Giró el pomo y asomó la cara. Tras comprobar que yo decía la verdad, cerró de golpe.
-La has liado parda… ¿se puede saber dónde has estado esta noche?- me dijo con cara de querer estrangularme.
-Yo os avisé de mis superpoderes: si me pican los ojos y me duelen los oídos, algo gordo va a pasar.

2 comentarios:

  1. Muy bien, apúntenme como otro ferviente seguidor.
    ¿Qué ventajas obtengo? ¿Un vaso de leche y un croiessant?

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  2. "Le llamamos Fray por Fray Langstrum, el padre pirata de Pipi Langstrum." JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA......JAJAJAJAJAJAJAJAJAJ

    No sabes lo que me he reído con esto

    Y ya van dos que Rasputon duerme to el dia, basta ya!

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