lunes, 11 de mayo de 2009

¿Podemos hablar de amor?

No sabía muy bien porque mi picor en los ojos y mi dolor en los oídos tenían alguna relación con lo que acababa de pasar. Pero teniendo en cuenta que mi único superpoder es el de flipar (con drogas o sin ellas, no os engañéis), no podía estar muy segura de ello.
Intenté reconstruir los acontecimientos de la noche anterior: la conversación con Peter, salir de casa para ir a… ¡Mierda! No conseguía recordar lo que había hecho la noche anterior, ni a dónde había ido, ni con quién…
Muchas otras veces me había pasado el tener amnesia sobre las travesuras que llevaba a cabo colocada, pero nunca había sido motivo de gran preocupación o demasiada sospecha.
-Ei carapenes, yo no puedo quedarme aquí. Tengo una puta cita- se quejó Fray.
-Pues ve pensando en una forma de salir porque estamos sepultados bajo el suelo.
-¿Se nos acabará el oxigeno? ¿Moriremos?- dijo Rasputón asustada.
-No, joder, claro que no, esto es ciencia ficción, hermanos…
-Pero ¿esto no era un blog íntimo?- se alertó Peter sacando la cabeza de debajo de la mesa dónde se había quedado en el capítulo anterior.
-Pues supongo, más o menos- quise explicarle.-Yo había pensado en un blog rosa semi-marrón con aires de science fiction, y amenazas extraterrestres y temazos , así y, luego construiré una maqueta y…
-Cálmate, no te flipes. Con el blog tenemos suficiente- me tranquilizó Rasputón.
-Y ¿ahora que hacemos aquí encerrados?- volvió a quejarse Fray.
-Pues pasar el rato hablando, supongo- propuse.
Aún iba colocada de la noche anterior y no controlaba muy bien la situación.
-¿Podemos hablar de amor?- sugiere Rasputón que se arregla la camiseta por las caderas mientras habla por si puede seducir a algún lector.
-¿Amor? ¿Por qué?- quise saber- Yo no se nada de todo eso…
-Oh vamos, no me jodas, te pasas el día haciéndole el amor al mundo con tus payasadas- Fray me conocía bien…
-Pero eso es distinto…- y nos quedamos en silencio pensando en si realmente se puede hablar de amor.
-Pues vamos a hablar de Amor con mayúscula porque, es lo más justo teniendo en cuenta que has publicado lo que te conté sobre Lady Jane.
-Tranquilo Peter, relájate…- se me empezaron a hinchar los globos oculares- Porque es mi p*** blog y yo escribo lo que me sale del c*** ¿antesus?
Todos me miraban muy asustados, como temiendo lo peor… Entonces vi mi reflejo en un espejo y me di cuenta de que me estaba hinchando enterita de un ataque de cólera contra mi compañero quejita.
Tenía los globos oculares casi a punto de reventar, enrojecidos, como el resto de la piel. Pensé: parezco el tio aquel que cae en Marte en la película del grand-dioso Verhoeven, Totall Recall (o Desafio Total, con el Schwarzernegger).
También se me había hinchado un “dedo acusador” de la ira que señalaba a Peter.
Rasputón cortó la tensión que se respiraba en el aire.
-¿Es que no podemos hablar de amor?
-Sí- contestamos Peter y yo al unísono.
-¿Quién empieza?- preguntó Fray cómo queriendo salvarse el culo a la hora de comenzar por haber hecho él la propuesta.
-Podrías empezar tú ¿no Fray? ¿Quién es esa dama de la corte?
-Esto… aún no os incumbe, muchachos.
-Vamos tio, alguien tiene que empezar. Yo ya le conté anoche mis quebraderos de cabeza a la muchacha. Ten piedad, que tiene que escribir.
-Por cierto, eres un imbécil por dejar escapar a esa chica- le espetó directamente el pirata a Peter.
Todos nos quedamos en silencio hasta que Rasputón dijo:
-El último que se siente, la pringa- dando a entender que tenía que quien tardaba más en sentarse sería el que luego empezaría a contar un affaire en primera persona.
Cómo soy la más bajita de todos, fui la primera en llegar al suelo para sentarme. Luego llego al parquet mi amiga Ras que, pese a tener las piernas kilométricas, había hecho la propuesta y sabía que tenía que sentarse de antemano. Peter se sentó sobre la mesa y Fray quiso llegar al suelo pero, una de sus gatas, se interpuso en el camino.
-¡Joder Lluneta! Ahora voy a tener que hablarles a estos mierdas de la Princesa Irina.
-Tía, tráete las palomitas que huele a drama soviético con ese nombre tan ruso- me gritó Ras emocionada y cogiéndome del brazo.
Cuando llegué de la cocina con las jodidas palomitas, nuestro pirata empezó su historia…

La conocí en la playa. Yo me hallaba sentado con mi gata Akeru, viendo el atardecer. A mi alrededor solo había parejas besándose, dándose arrumacos, acariciándose…

-Vale colega, es un blog rosa, pero no te pases de azúcar que Peter es diabético.
-No lo soy- aclaró.
-Deja de quejarte o le pego fuego a tu Mac- le amenacé.
Fray siguió con su historia.

La brisa marina era una delicia y yo me hallaba en la mejor compañía: la animal. Me dediqué a dibujar a orillas del mar durante toda la puesta de sol. Cuando la luz por fin se fue, empezaron a volarme todos los dibujos que había hecho y uno, uno de ellos, encontró los zapatos de una jovencita.
Alcé la vista desde sus tobillos finos, subiendo por las medias, llegando al principio de una falda… Trepé por su cintura de sirena hasta llegar a sus pechos turgentes y a su cabello rubio y rizado.
Ella cogió el dibujo y lo miró. Se quedó un rato pensativa y, con una mano enguantada, se mordió el dedo sobre el encaje blanco del guante. Aquello me puso burrísimo.
Luego le dio la vuelta al dibujo y preguntó:
-¿Por qué me habéis retratado señor?
Y soltó una risita infantil. Cómo no había mucha luz no veía que ilustración había cogido, así que saqué el móvil y alumbré. Había ido a coger el dibujo de una sardina muerta de toxicidad. No entendí muy bien porque se creía que la había retratado. Debía tener muy mal concepto de si misma, supongo…

-Mira Fray, no me creo nada de lo que cuentas: las jovencitas no van con zapatitos a la playa. Ya solo me faltaba que me dijeras que eran de charol- vacilé.
-Además ¿quién lleva guantes de encaje blanco en primavera?- Ras dudó conmigo.
-Y no hay muchachas con risita infantil y ese cuerpo de tia buena que has descrito- añadió Peter.
-Vale, sí, os he colado un farol pero nadie dijo que la historia tuviera que ser real.
Me quedé pensando un rato. Sería interesantísimo conocer lo que pasaba por las retorcidas y calenturientas mentes de mis compañeros de piso, pero era todavía un reto más grande adivinar que pensaba a través de sus mentiras.
Mintiendo yo también, como parte del reto, debía intentar que no se me notara si era una media verdad o una media mentira.
Pese a toda esta diatriba que pasó por mi cabeza a la velocidad de la luz (los efectos de algunas drogas hacen que pienses con más agilidad, o eso te hacen creer), tenía que imponer la norma de que la historia tenía que ser de verdad, por si colaba. Sabía que todos ellos mentirían, igual que yo. Pero en sus mentiras estaría reflejado su verdadero estado de sus vidas con su hábitat natural.
El humano encarcelado… ¡qué interesante el estudiar a este ser!
(risa maligna y fade out + fundido a negro)

2 comentarios:

  1. Hmhm, cuando nos veamos, si quieres, te cuento yo mi historia.

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  2. la mejor compañia: la animal.

    Que gran verdad, ahora entiendo porque quieres tanto a tu perro de m****

    (mira que buena soy que no he puesto el taco)

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