-Peter ¿que haces despierto a estas horas?- pregunté para ser amable.
-No puedo dormir… no dejo de pensar en Lady Jane Grey.
-¿La reina de los nueve días?- aquella confesión sí me había impresionado realmente.
-No, esa no… - y se quedó mirando al suelo.
-Por un momento había temido alguna perversión sexual decantada hacía los retratos de damas de la corte inglesa del siglo XVI…
Esperé un ratito para ver si seguía con la explicación de su insomnio. Cómo vi que no recibía estímulos, le di una palmadita en el hombro. Peter seguía atrapado en su mundo. Me puse frente a él agitando los brazos sin hacer mucho ruido porque Rasputón dormía.
Peter ni se inmutó.
Al cabo de un rato, pareció volver en si…
Yo estaba intentando liarme un porro con el dedo gordo de la mano derecha medio mutilado debido a un corte cocinando. Llevaba una tirita, pero me la había quitado para liar. Pensándome que así la tarea me sería más fácil, la puta providencia vino a joderme una vez más: el jodido pegamento se me había quedado pegado en la uña y en el dedo y se me había quedado mucha marihuana pegada… Cuando por fin había conseguido sacarla, le había llegado el momento al papel. En ese momento en que intentaba que el Boyoré no se me pegara en la uña, fue cuando Peter despertó de su letargo para ofrecer ayuda…
-¿Te hecho una mano?- dijo tímidamente.
-No, no, no- le grité.
-Eso es afán de superación, sí señor.
Me lo quedé mirando con cara de odio. Ya habían pasado como unos diez minutos desde nuestra primera conversación, cuando lo había visto salir de la cocina con otro bol de cereales.
-Verás, la Lady Jane de la que te hablaba no es la reina de los nueve días, pero bien podría serlo…
-Peter, no te pillo y estoy concentrada a esto del peta ¿no lo ves?- me quejé ya desquiciada por estar haciéndome un canuto trompetilla y coñete, que más se parecía a los cigarros de mierda que se lía Fray.
Mi compañero de piso me arrebato el porro de las manos y se puso a liarlo él, de una forma un tanto vacilona, como si me estuviera diciendo “niña, así se lía un petardo”.
Resentida aunque agradecida, seguí el procedimiento con los ojos mientras escuchaba lo que Peter me decía…
-No puedo dormir… no dejo de pensar en Lady Jane Grey.
-¿La reina de los nueve días?- aquella confesión sí me había impresionado realmente.
-No, esa no… - y se quedó mirando al suelo.
-Por un momento había temido alguna perversión sexual decantada hacía los retratos de damas de la corte inglesa del siglo XVI…
Esperé un ratito para ver si seguía con la explicación de su insomnio. Cómo vi que no recibía estímulos, le di una palmadita en el hombro. Peter seguía atrapado en su mundo. Me puse frente a él agitando los brazos sin hacer mucho ruido porque Rasputón dormía.
Peter ni se inmutó.
Al cabo de un rato, pareció volver en si…
Yo estaba intentando liarme un porro con el dedo gordo de la mano derecha medio mutilado debido a un corte cocinando. Llevaba una tirita, pero me la había quitado para liar. Pensándome que así la tarea me sería más fácil, la puta providencia vino a joderme una vez más: el jodido pegamento se me había quedado pegado en la uña y en el dedo y se me había quedado mucha marihuana pegada… Cuando por fin había conseguido sacarla, le había llegado el momento al papel. En ese momento en que intentaba que el Boyoré no se me pegara en la uña, fue cuando Peter despertó de su letargo para ofrecer ayuda…
-¿Te hecho una mano?- dijo tímidamente.
-No, no, no- le grité.
-Eso es afán de superación, sí señor.
Me lo quedé mirando con cara de odio. Ya habían pasado como unos diez minutos desde nuestra primera conversación, cuando lo había visto salir de la cocina con otro bol de cereales.
-Verás, la Lady Jane de la que te hablaba no es la reina de los nueve días, pero bien podría serlo…
-Peter, no te pillo y estoy concentrada a esto del peta ¿no lo ves?- me quejé ya desquiciada por estar haciéndome un canuto trompetilla y coñete, que más se parecía a los cigarros de mierda que se lía Fray.
Mi compañero de piso me arrebato el porro de las manos y se puso a liarlo él, de una forma un tanto vacilona, como si me estuviera diciendo “niña, así se lía un petardo”.
Resentida aunque agradecida, seguí el procedimiento con los ojos mientras escuchaba lo que Peter me decía…
Historia de Lady Jane Grey
Todo pasó hace un mes.
Conocí a Jane una noche, volviendo a casa en autobús. Una breve conversación, muchas miradas cruzadas y la invitación de que subiera a su piso a tomar la última copa.
Todo surgió solo y, en pocos minutos, me vi entre sus brazos bajo las sábanas de una cama que no era la mía. Una cosa llevo a la otra y el sexo surgió como por arte de magia.
Sin saber muy bien porque, no sé si por presentimiento o por calentón o por la crujida que llevaba, me dejé llevar hasta el último momento.
A la mañana siguiente desperté en esa misma cama de la noche anterior, con una chica a mi lado que tenía la misma cara de sueño que yo.
Tuve que irme a ver a unos clientes y la dejé allí, en su piso. Pero no sin antes establecer con ella “una forma de contacto”.
A Lady Jane Grey le gustan mucho los extraterrestres, tiene esas cosillas y, la frase le hizo mucha gracia. La verdad es que se reía de prácticamente todo lo que le decía, no sé si por el colocón constante que llevaba o porque yo le gustaba realmente.
De todas maneras, acordamos no enamorarnos.
Me pasé el resto del día pensando en ella. No podía pensar en otra cosa: veía chorradas en los escaparates y pensaba que serían un buen regalo, me hice la comida pensando si le gustaría, escogí mi ropa interior pensando en que cara podría si la viera…
-Eso puedo decírtelo yo…- y haciendo una mueca, puse cara de repulsión.
-No seas cruel… - me dijo bajando la cabeza y mirando hacía mi en un contrapicado.
-Prosigue con Lady Jane Grey…
Me había enamorado de forma irracional de una persona completamente desconocida. ¡Y no sabía como pararlo!
Le mandé un mensaje.
Las horas pasaron hasta que me lo contestó y esas cuatro horas, me sentí lleno de nervios; una mezcla de ilusión e incertidumbre.
El mensaje fue simple: me proponía quedar en alguna ocasión. Después de darle muchas vueltas, la llamé al día siguiente y quedamos.
Aquella chica me gustaba realmente y, cuando sonría, conseguía parar el tiempo. Con ella me sentía en una nube, todo era fabuloso.
Seguimos unos días viéndonos. Era la historia perfecta, la relación que había soñado, todo iba “viento en popa” que diría Fray.
Al principio no me preocupé mucho por las consecuencias. Vivía todo el tiempo que podía y tenía junto a ella, solo quería quedar con ella, me apetecía verla sonreír a todas horas, quería hacerla feliz… pero vivíamos en mundos muy distintos. Siempre creí que ella venía de Marte…
Tuve el presentimiento de que aquello no sería siempre tan perfecto, qué llegaría un día en que nos aburriríamos el uno del otro, en que no entendería lo que quisiera decirme, y me entró pánico. Miedo escénico, le dije.
Lady Jane Grey se lo tomó de maravilla: no me pidió nada, ni me reprochó nada, me dio tiempo para meditar y siguió sonriendo como si no le hubiera roto un trocito de corazón.
Los días siguientes traté de evitarla. Más por miedo a mi mismo que por temor al reproche, porque Jane es una delicia…
Todo esto pasó en un tiempo récord de nueve días… como los días de reinado de la Lady Jane Grey original. Y he pensado que sería un buen mote.
A cada momento que pasaba seguía persiguiéndome el terror a perderla para siempre, pero aún así no me atreví a llamarla.
Ahora ya hace un mes de eso, un mes de nuestro encuentro en el autobús.
-¿Y por eso no puedes dormir?
-Es que se ha ido, se ha esfumado, ha desaparecido de mi vida y… la echo de menos.
-Tranquilo Peter, se te pasará. Todos nos llevamos desengaños amorosos.
-Pero la echo de menos, quiero volverla a ver.
-Tío, tienes el síndrome del editor y la novela perfecta.
-¿Cómo funciona eso?
-Pues verás…- empecé a contarle mi teoría.
Tú eres el editor y te llega un completo desconocido y te presenta la mejor novela que has leído en tu vida. Tu la lees una vez y otra, y otra y parece que ya has dejado de ser objetivo. Empiezas a obsesionarte con la novela y se la pasas a tus contactos para que ellos valoren.
La novela en esencia es perfecta, pero tienes las típicas dudas del editor: ¿se venderá bien siendo el autor desconocido? ¿Será el público suficiente bueno para esta novela?
Cuando preguntas la opinión a la gente a la que se la has dejado leer, te responden con un “muy buena, esta muy bien”, o “sí, esta bien, aunque no sé si se venderá bien el género”.
No te ayudan demasiado y finalmente, decides publicarla con algunos arreglos de tu puño y letra.
Y la novela deja de ser perfecta bajo tu titánico influjo. Y tal vez se venda, pero ya no será nunca más esa fantástica lectura que tuviste un día la oportunidad de leer. Y para colmo, dudo que el escritor novel quiera seguir haciendo tratos contigo, así que mejor vete olvidando del resto de obras de arte que siguen a esa primera y empieza a maldecirte por lo que has hecho.
-¿Me estás diciendo que la cagué y ya no hay nada que hacer?
-Eso mismo…- y queriendo quitarle peso añadí: - pero no te tortures hasta el fin de tus días.
-Pero… ¿qué voy a hacer?
-Puedes empezar a buscarla en el autobús nocturno.
Y diciendo esto, me cedió el porro que me había liado él muy amablemente.
Dando las buenas noches tras apurar mi vaso de tequila, salí por la puerta de casa a las tantas de la madrugada de un martes cualquiera.

puuggggugggggggggjhhhhhhhhh boh, mucho mejor ahora.
ResponderEliminarI luv you, little sister...¿te tomas una copa?
Fdo: Nuggetina
Oye esa que duerme tanto quién es?
ResponderEliminarEspero por tu bien que no me saques durmiendo en todos los capítulos... ¬¬