viernes, 22 de mayo de 2009

¿Kastapasan?

-Dejemos de chuparnos las pollas con los asuntitos de faldas y bragas- terminó Fray.
De repente, reaccioné y volví al mundo. ¡Mierda, aún estábamos bajo tierra! Y lo peor de todo, acababa de ser consciente de ello.
-¿Kastapasan? (traducción simultánea: ¿Qué está pasando?- exclamé como si acabaran de echarme un cubo de agua fría por encima.
Corrí hacía mi habitación. Como era de esperar, estaba todo patas arriba: un bola de ropa tirada sobre la cama, velas e incienso por todos lados, uno de mis pósters medio caído debido a alguna noche loca, una cachimba hecha con un bote de Pringles, muñecotes por aquí y por allí…
Buscaba mi mochila a toda costa. Tras mucho remover, la encontré en un rincón, llena de una especie de arena o barro por encima. La abrí para encontrar algún indicio de mi vinculación con los sucesos que estaban teniendo lugar a nuestro alrededor. Dentro encontré: mi portátil, muchas colillas, un paquete de tabaco medio vacío, una bolsa de la tienda de petardos de la Avenida Roma con petardos dentro, unas gafas de sol y una bolsita con un cristal marroncito y misterioso. Metí un dedito para comprobar que era lo que me temía.
Empecé a preguntarme porque había salido por la noche con toda aquella mierda en la mochila. Me senté en la cama para pensar con más claridad… Y entonces me di cuenta que estaba sentada sobre tierra.
La ventana de mi habitación estaba abierta y de ella salía un cable.
-MIERDAAAAAA!!- grité con todas mis ganas.
No sabía muy bien si gritaba porque el cable se había quedado enchufado gastando mucha luz (maldita factura) o porque se trataba del cable de mi foco de Batman.
Sí, la verdad es que no tengo un puto duro y, la pasta que consigo, la gasto en gilipolleces así. Pero no pude evitarlo, me enamoré del foco en cuanto lo vi: era un foco de mucha potencia que conseguía reflejar en el cielo la silueta mítica del justiciero de DC. Era mi modo de convertir Barcelona en Gotham City (y no como el comicucho este que han sacado ahora del hombre murciélago en la ciudad condal).
Desenchufé el foco para que dejara de gastar luz y regresé al salón.
Mis compañeros de piso estaban igual de rallados que yo: Ras miraba hacía la pared; Fray, sentado en el suelo, miraba a una de sus gatas que estaba en el tirada en el sofá y Peter, no dejaba de quitarse y ponerse su maldita gorrita.
-¡Oye peña, que estamos bajo tierra, joder!
-Yo creo que esto ha sido un rebote de la naturaleza contra el humano- se iluminó el Fray más místico.
-Pues puede que se haya caído parte de Collserola sobre el Montbronx- se entristeció Ras – Y yo tenía que ir mañana al Caprabo.
-¿Y tu? ¿Qué dices, Peter?
Peter estaba como en trance…
-Nos hemos caído de Matrix fijo. Algo debe de haber fallado.
A cual más flipado, nos pusimos a hacer teorías sobre lo que podía estar pasando.
Volví a mi habitación y, tras tirar las piedras y la tierra al suelo, me senté en mi cama y puse frente a mí lo que había encontrado dentro de la mochila. Me disponía a meditar…
La bolsita de cristal llevaba el sello de Casa Aurelio. No es que llevara un sello, sino que el señor Aurelio solía pasar la mercancía en ese tipo de mini-bolsas. Eso y las colillas (una, que es muy respetuosa con la naturaleza), indicaban que había subido a Collserola la noche anterior.
¿Cuántos petardos hubiera necesitado para volar una parte de la montaña? No, una cantidad tan ínfima de pólvora, no podía romper las piedras. Además, no dudaba de una cosa: no había comprado dinamita.
Las gafas de sol por la noche, insistían en el tema de que había salido a pegarme una fiesta, pero… tenía algo en mente que ya no recordaba.
Decidí ducharme para despejar la mente. Me metí en la ducha y al abrir el grifo, empezó a picarme la cara como si tuviera restitos de arena y se me deslizara sal de las mejillas (ya sabéis, la típica duchita después de un día de playa). Salí del baño en paños menores…
-Para un momento Foxy: ¿qué te ha pasado en la cara?- se sorprendió Peter.
Todos se acercaron a mirarme y huí a buscar un espejo a toda prisa. Los de baño estaban empañados por el vapor y no podía verme.
-Tía, deja de correr, tienes la cara quemada- me gritó Ras.
-¿Qué? ¿Cómo voy a tener la cara quemada?
-Sí, debiste ir a unos rayos UVA anoche, sin decirme nada y, te dormiste.
-Con el colocón que llevaba, no me extrañaría- añadió Peter.
Le lancé una de esas miradas que matan pensando “Algún día te cortaré la lengua”.
-Pongámosle cabeza: ¿Qué coño hiciste anoche?
Por desgracia, cuanto más me presionaban, más me costaba recordarlo.
Me sentía apenada y, un poco responsable, aunque no sabía porque. Tal vez mi egocentrismo me hacía pensar que yo tenía la culpa de todo aquel embrollo que, bien pudiera ser natural.
Un terremoto, un huracán, erosión de la montaña… ¿quién sabe?
Me encerré en mi cuarto con los gramitos de cristal y, pensé “Si me meto esto, igual se aclara mi mente y logro recordar algo”.
Chupé un poquito… Aquello era lo más bestia que había probado en mucho tiempo.
Empecé a dar vueltas de pie, en la cama… Las paredes tomaban vida propia, cambiando la morfología de la habitación, pero todo era fantástico.
Tuve un flash: un sitio oscuro, un lavabo…
Después otro flash: un coche, un Alfa Romeo, la carretera de la Rabassada…
Y otro más: mi portátil y mi tarjeta de sonido…
¿Dónde estaba mi tarjeta de sonido? No la había visto en el interior de la mochila así que volví a mirar.
Al acercarme la mochila a la cara para buscar, encontré un adaptador de XLR, pero la tarjeta no estaba.
Un último flash, esta vez auditivo: cinco notas se repetían en mi cabeza, una y otra vez, cada tono con más intensidad que el anterior…
Me tapé los oídos y me mareé.
Para cuando me desperté, seguía en mi habitación y no sabía cuanto tiempo había pasado. Miré el reloj: eran las seis y media de la tarde, aún era pronto. O tal vez no…

2 comentarios:

  1. Una cachimba hecha con un bote de Pringles. Es casi tan bueno como la red Lan con botes de Pringles.

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  2. Está claro que les han enterrado vivos, con casa y todo, por parias!!!

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