La M es por Mississipi. Puestos a poner apodos, no le dejemos a él sin. Además, suena muy Bonnie M., como el nombre de Rasputón.
Cómo os iba diciendo, Frankie y yo nos conocimos en un bar pero terminamos en mi cama.
Frankie besa como nadie: tiene pasión, garra, sensualidad… Y una barriguita de treintañero que me vuelve loca.
Aparte, es músico. Nenas, nunca os liéis con músicos: traen muchos problemas.
Cuando le conocí, era un hombre casado. Nenas, nunca os liéis con hombres casados: también traen muchos problemas.
Este cumplía el cupo de la negación pero, para cuando me di cuenta de todo eso, ya era demasiado tarde: me había enamorado (sólo un poquito).
Frankie me llevaba en Vespa (¡Sacrilegio: qué no me vea mi padre!) de aquí para allí, mostrándome los rincones que formaban parte de su vida, hablándome sobre música, sobre su infancia, sobre su familia, sobre su pasión por la comida.
-Sólo cuando como foie, se para el tiempo- decía para añadir luego- Bueno, y cuando tu sonríes también.
Otro día que me vino a buscar a la gasolinera a media mañana, me llevó a una sala de ensayos y tocándome al teclado la melodía final del Layla de Clapton, me bautizó como el acorde de Si bemol: inesperado, pero delicioso y factible. La clave para redondear el tema.
Yo no sé mucho sobre música, pero aquello me llegó al alma.
Lo peor de todo fue cuando, entre copas y un ajedrez, decidió contarme que era un hombre casado:
-Lurleen, no podemos estar juntos…
-¿Por qué?
-Esto va a doler, por eso te he estado invitando toda la tarde…
-Vamos, dispara vaquero- me encantaba dibujarle en mi mente como un ramadero tejano… Además, iba borracha.
-Estoy casado
-Anda ya… y ¿Por qué no llevas una sortija?
-Porque me molesta para tocar el piano
Cogí mis cosas y, como una tonta, me largué llorando.
Desde aquel momento, supe que no volvería a saborear a Frankie de la misma manera. Sus besos seguirían siendo geniales, pero ahora sabía que debía compartirlos con otra mujer.
Cuando llegué a mi casa hecha una magdalena, recibí un mensaje en mi móvil: Estoy en tu puerta, ábreme.
Aquello iba a ser como una droga imposible de dejar.
Follamos como bestias: nos besamos, nos arañamos, nos rasgamos la ropa (como Camarón) y, al final de todo, cuando tuve el último orgasmo, no pude contener el llanto.
Debió de dolerle mucho la situación porque se encargó de poner tierra de por medio. Una gira por la península, era la mejor excusa para que nadie cometiera una locura. Ah, y también para poder disfrutar de la gastronomía ibérica que tan dura se la ponía.
Volvimos a vernos unos meses más tarde, en una discoteca.
Había estado esperando todo aquel tiempo para volver a mirarle a la cara, esta vez con decencia, espetándole todo lo que me había dolido, el daño que me había hecho, lo mal que había actuado… pero no pude.
Copa tras copa, se me nubló la vista y cuando quise darme cuenta, me estaba dando el lote con una chica que ni siquiera sabía como se llamaba.
Mister Mississipi me cogió en brazos cuando caí rendida en un K.O a favor del alcohol. Me llevó a casa, me tumbó en la cama y empezó a quitarme la ropa…
Yo iba tan borracha, que no sabía muy bien si quería tirármelo o iba a ser nocivo para mi salud mental.
Todo fluyó sin forzar nada, sobraron las palabras.
Por la mañana, desperté con aquella barriguita a mi lado y la cara bonachona de un Frankie que dormía. Le desperté con una mamada…
-Lurleen, Lurleen… he vuelto con mi mujer.
Yo, que se la estaba chupando, casi me ahogo al oírlo.
-Entonces ¿qué haces aquí? Lárgate- ardí en cólera.
Y no volví a verle hasta el día del Puertohurrako.
Salí con Foxy a tomar unos vasitos de tequila cuando un guacho se acercó a ella con extrañas palabras y se fueron juntos al Wc.
Me di la vuelta en la barra para disimular que me habían dejado sola y entonces le vi.
Me miraba, pero seguía hablando con sus acompañantes. Le sostuve la mirada y poco a poco, fui acercándome. Le puse un dedo en la espalda y noté que estaba tenso.
-Cuanto tiempo ¿no Frank?
-Pues sí, Lurleen.
Tiene la tonta idea de que la palabra que más le gusta oír a una persona, es su propio nombre, así que, si quería dormir acompañada, debe invitarle al placer repitiendo su nombre en cada frase. Probé si me seguía el juego…
-¿Qué haces una noche como hoy en el Hurrako, Frank?
-Pues he venido a pillar Lurleen, como todos
-A pillar qué, Frank- me hice la tonta
-A pillarte a ti Lurleen…- y se me acercó más, tocándome la pierna tímidamente.
Aquello funcionaba y le propuse que nos fuéramos. Cogió las llaves de su coche y nos largamos.
Cómo no vi a Foxy, no la avisé de que me iba, pero ella sabía cuidarse sola.
Me sentía en un flashback emocional: allí, sentada en aquel coche en el que tantos besos había recibido, con aquel hombre de pelo canoso con el que tantas veces había dormido, aquel olor a noche joven que tan frenética me ponía cuando se me alteraban las hormonas…
Cuando bajé de mi nube, me di cuenta de que no íbamos hacía mi casa.
-¿Dónde me llevas?
-A mi piso.
¿Estaría su mujer en casa? ¿Iría muy borracho para pensar en las consecuencias? Daba igual, por fin iba a ver donde habitaba mi vaquero…
Aparcó el coche en la zona verde y nos bajamos. Frankie me llevaba de la mano mientras iba abriendo puertas…
Cuando llegamos al piso, sacó dos copas de cristal de bohemia y las llenó de un Vega Sicilia que dijo, hacía tiempo que guardaba.
Cigarrillos, vino y cocaína era nuestro arsenal para una noche de desenfreno…
La ropa fue cayendo por su propio peso y a las siete de la mañana nos invadió un deseo mutuo de hacernos el amor mientras salía el sol.
-Bien Lurleen, tampoco has sido muy pastel…- la felicité
-¿He estado bien?
-Sí, pero me has jodido
-¿Por qué?
-Porque ya no recuerdo porque te llamaba…
-¿Estas en apuros?- quiso saber
Se encendió alguna neurona en mi cabeza.
-Sí, sí… enciende la tele de Mississipi y dime que ves.
-¿Qué canal?
-El que sea, alguno en el que veas noticias, yo que sé, Btv… me da igual.
Se hizo el silencio. Supuse que Lurleen buscaba el mando a distancia o enchufaba la tele.
-Espera, mientras arreglo esto dime… ¿crees que Frankie habrá dejado a su mujer y por eso vive ahora en este piso?
-Puede ser, pero no me despistes, a lo que estamos, vaquera…
-Es que no sé que pensar
-Pues no pienses y dale caña a la tele
-Ya esta no tiene sonido…- aclaró- JO-DER TIA!!! Hay un jodido platillo volante sobre tu edificio.
Cómo os iba diciendo, Frankie y yo nos conocimos en un bar pero terminamos en mi cama.
Frankie besa como nadie: tiene pasión, garra, sensualidad… Y una barriguita de treintañero que me vuelve loca.
Aparte, es músico. Nenas, nunca os liéis con músicos: traen muchos problemas.
Cuando le conocí, era un hombre casado. Nenas, nunca os liéis con hombres casados: también traen muchos problemas.
Este cumplía el cupo de la negación pero, para cuando me di cuenta de todo eso, ya era demasiado tarde: me había enamorado (sólo un poquito).
Frankie me llevaba en Vespa (¡Sacrilegio: qué no me vea mi padre!) de aquí para allí, mostrándome los rincones que formaban parte de su vida, hablándome sobre música, sobre su infancia, sobre su familia, sobre su pasión por la comida.
-Sólo cuando como foie, se para el tiempo- decía para añadir luego- Bueno, y cuando tu sonríes también.
Otro día que me vino a buscar a la gasolinera a media mañana, me llevó a una sala de ensayos y tocándome al teclado la melodía final del Layla de Clapton, me bautizó como el acorde de Si bemol: inesperado, pero delicioso y factible. La clave para redondear el tema.
Yo no sé mucho sobre música, pero aquello me llegó al alma.
Lo peor de todo fue cuando, entre copas y un ajedrez, decidió contarme que era un hombre casado:
-Lurleen, no podemos estar juntos…
-¿Por qué?
-Esto va a doler, por eso te he estado invitando toda la tarde…
-Vamos, dispara vaquero- me encantaba dibujarle en mi mente como un ramadero tejano… Además, iba borracha.
-Estoy casado
-Anda ya… y ¿Por qué no llevas una sortija?
-Porque me molesta para tocar el piano
Cogí mis cosas y, como una tonta, me largué llorando.
Desde aquel momento, supe que no volvería a saborear a Frankie de la misma manera. Sus besos seguirían siendo geniales, pero ahora sabía que debía compartirlos con otra mujer.
Cuando llegué a mi casa hecha una magdalena, recibí un mensaje en mi móvil: Estoy en tu puerta, ábreme.
Aquello iba a ser como una droga imposible de dejar.
Follamos como bestias: nos besamos, nos arañamos, nos rasgamos la ropa (como Camarón) y, al final de todo, cuando tuve el último orgasmo, no pude contener el llanto.
Debió de dolerle mucho la situación porque se encargó de poner tierra de por medio. Una gira por la península, era la mejor excusa para que nadie cometiera una locura. Ah, y también para poder disfrutar de la gastronomía ibérica que tan dura se la ponía.
Volvimos a vernos unos meses más tarde, en una discoteca.
Había estado esperando todo aquel tiempo para volver a mirarle a la cara, esta vez con decencia, espetándole todo lo que me había dolido, el daño que me había hecho, lo mal que había actuado… pero no pude.
Copa tras copa, se me nubló la vista y cuando quise darme cuenta, me estaba dando el lote con una chica que ni siquiera sabía como se llamaba.
Mister Mississipi me cogió en brazos cuando caí rendida en un K.O a favor del alcohol. Me llevó a casa, me tumbó en la cama y empezó a quitarme la ropa…
Yo iba tan borracha, que no sabía muy bien si quería tirármelo o iba a ser nocivo para mi salud mental.
Todo fluyó sin forzar nada, sobraron las palabras.
Por la mañana, desperté con aquella barriguita a mi lado y la cara bonachona de un Frankie que dormía. Le desperté con una mamada…
-Lurleen, Lurleen… he vuelto con mi mujer.
Yo, que se la estaba chupando, casi me ahogo al oírlo.
-Entonces ¿qué haces aquí? Lárgate- ardí en cólera.
Y no volví a verle hasta el día del Puertohurrako.
Salí con Foxy a tomar unos vasitos de tequila cuando un guacho se acercó a ella con extrañas palabras y se fueron juntos al Wc.
Me di la vuelta en la barra para disimular que me habían dejado sola y entonces le vi.
Me miraba, pero seguía hablando con sus acompañantes. Le sostuve la mirada y poco a poco, fui acercándome. Le puse un dedo en la espalda y noté que estaba tenso.
-Cuanto tiempo ¿no Frank?
-Pues sí, Lurleen.
Tiene la tonta idea de que la palabra que más le gusta oír a una persona, es su propio nombre, así que, si quería dormir acompañada, debe invitarle al placer repitiendo su nombre en cada frase. Probé si me seguía el juego…
-¿Qué haces una noche como hoy en el Hurrako, Frank?
-Pues he venido a pillar Lurleen, como todos
-A pillar qué, Frank- me hice la tonta
-A pillarte a ti Lurleen…- y se me acercó más, tocándome la pierna tímidamente.
Aquello funcionaba y le propuse que nos fuéramos. Cogió las llaves de su coche y nos largamos.
Cómo no vi a Foxy, no la avisé de que me iba, pero ella sabía cuidarse sola.
Me sentía en un flashback emocional: allí, sentada en aquel coche en el que tantos besos había recibido, con aquel hombre de pelo canoso con el que tantas veces había dormido, aquel olor a noche joven que tan frenética me ponía cuando se me alteraban las hormonas…
Cuando bajé de mi nube, me di cuenta de que no íbamos hacía mi casa.
-¿Dónde me llevas?
-A mi piso.
¿Estaría su mujer en casa? ¿Iría muy borracho para pensar en las consecuencias? Daba igual, por fin iba a ver donde habitaba mi vaquero…
Aparcó el coche en la zona verde y nos bajamos. Frankie me llevaba de la mano mientras iba abriendo puertas…
Cuando llegamos al piso, sacó dos copas de cristal de bohemia y las llenó de un Vega Sicilia que dijo, hacía tiempo que guardaba.
Cigarrillos, vino y cocaína era nuestro arsenal para una noche de desenfreno…
La ropa fue cayendo por su propio peso y a las siete de la mañana nos invadió un deseo mutuo de hacernos el amor mientras salía el sol.
-Bien Lurleen, tampoco has sido muy pastel…- la felicité
-¿He estado bien?
-Sí, pero me has jodido
-¿Por qué?
-Porque ya no recuerdo porque te llamaba…
-¿Estas en apuros?- quiso saber
Se encendió alguna neurona en mi cabeza.
-Sí, sí… enciende la tele de Mississipi y dime que ves.
-¿Qué canal?
-El que sea, alguno en el que veas noticias, yo que sé, Btv… me da igual.
Se hizo el silencio. Supuse que Lurleen buscaba el mando a distancia o enchufaba la tele.
-Espera, mientras arreglo esto dime… ¿crees que Frankie habrá dejado a su mujer y por eso vive ahora en este piso?
-Puede ser, pero no me despistes, a lo que estamos, vaquera…
-Es que no sé que pensar
-Pues no pienses y dale caña a la tele
-Ya esta no tiene sonido…- aclaró- JO-DER TIA!!! Hay un jodido platillo volante sobre tu edificio.

De lo que se deduce que Frankie es un alienígena.
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